“Me da miedo el estar peleando contra el fantasma de tu ex”. Lo escuché como la expresión de un hecho, no de una suposición. No me lo dijo en tono de reclamo o siquiera de dolor o impotencia, pero el oir esto de mi novia me dejó pensando demasiado tiempo.
¿Cuánto es suficiente, cuánto es mucho o poco al hablar de tus vivencias anteriores con tu pareja actual? Vamos, no nací ayer y lo que pasó antes, bueno o malo, es lo que me tiene aquí, como soy y donde estoy ahora.
Decir nada y jurar(me) que no hay historias o vivencias, es correr el riesgo de que ella no sepa el porqué reacciono de X o Y manera, pero el decir de más parece que no solo da información, sino que también sirve como ritual para levantar fantasmas. No son actuales, y tampoco son todos buenos o malos, son solo recuerdos de eventos y sentimientos pero que regresan y dejan un sabor agridulce en la boca y el alma.
Recuerdo y hablo acerca de las últimas peleas, de los dramas interminables, de las muchas faltas de respeto mutuas; pero al hacerlo ahora a la distancia y tratando de encontrar algo constructivo para no repetirlas, también aparece como trasfondo el enorme cariño y amor que había. Ese que permitió que aunque tantas cosas malas pasaran yo estuviera un buen rato intentando rescatar y curar esa relación.
Ambos venimos de relaciones intensas y definitorias en nuestras vidas y no podemos (ni queremos) olvidarlas como si nunca hubieran sucedido. Pero una cosa es no olvidar, y otra cosa es que una relación de pareja se vuelva de tres o de cuatro al agregar los fantasmas. Tengo apenas un mes con mi novia. Tiempo suficiente para hablar de muchos temas, de conocerla mejor e intercambiar opiniones y experiencias, pero no el necesario para crear todo un nuevo marco referencial de actitudes y respuestas. Es ahí donde tenemos el baúl de recuerdos y situaciones anteriores para echar mano. Son ejemplos claros, de primerísima mano y que parecerían útiles para dejar(nos) un punto claro, pero que amenazan con desenterrar algo más que recuerdos.
Mi corazón y mi alma salieron hechas jirones de mi anterior relación. Ha pasado el tiempo suficiente para reconstruirme, para que las heridas (incluso las más grandes) ya pudieran cerrar y por eso estoy ya listo para entrar a una nueva relación en la que me encuentro saludable, estable y feliz, pero… aunque las heridas ya no duelen, dejaron una cicatriz bastante evidente. Tal y como las cicatrices de la piel, aunque ya no duelen, se ven, uno mismo las siente y la otra persona también las percibe diferentes cuando por algún motivo las toca.
¿Existen los fantasmas de relaciones pasadas? ¿Seré tan buen contador de historias que puedo revivir sentimientos muertos, podridos y enterrados tanto tiempo atrás en formas “evidentes”? Tal vez si. No tengo claro el por qué sucedió, pero en un momento, mi novia me contó de una fea pesadilla reciente en la que tenía enfrente a “una ex mía” (sin que conozca a ninguna) que se notaba molesta y le decía cosas horribles de ella, de mí y de nuestra nueva relación. De igual manera, yo no puedo decir que su ex se me ha presentado, pero si he sentido la imperiosa necesidad de rechazar ciertos recuerdos o situaciones que sé le pueden traer a ella esos recuerdos de regreso. En algunos momentos, quiero enfrentarme al fantasma y sé que lo puedo vencer, pero en otros preferiría que no se presentara, pues no estoy seguro del resultado de la batalla.
¿Son fuertes estos fantasmas? Tanto como ambos lo permitamos, al alimentar en forma conciente o inconciente al propio y al no equilibrarnos en la luchar contra el ajeno.
Los ghost-busters existen. No están armados con una pistola de ecto-plasma ni persiguen entes verdes, sino más bien, se buscan armar de mucho amor y paciencia, con la intención de luchar por una relación real y actual que vale la pena. Con el afán de crear una nueva historia, nuevos recuerdos que sirvan de herramienta para desterrar o exorcizar a esos fantasmas de nuestras relaciones pasadas.
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Estoy de acuerdo.. todos podemos vencer los fantasmas del pasado pero mas que nada es dejarlos ir hasta que se disipan en una nube y se los lleva el viento
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