lunes, 8 de febrero de 2010

NUEVOS COMIENZOS.

Un año más inicia. Será por la fecha, la distancia o la mera ociosidad, pero necesito detenerme a revisar los eventos que trajo el año anterior.

Cambié de casa y eso fue todo un acontecimiento. Aprender a vivir solo tuvo sus altas y bajas. Confrontarme a que las nuevas reglas de la casa sólo las pondría (y en su caso violaría o negociaría) yo fue un gran reto. Durante mucho tiempo dije que no le temía a la soledad y tuve la gran oportunidad de confirmarlo. Es cierto, no solo no le temo a estar solo, de hecho por momentos me gusta. Tuve la oportunidad de comenzar de nuevo una relación conmigo mismo, en donde me di cuenta de lo que me gusta y no me gusta de mi persona y aunque hubo días en que no tenía ganas de hablarme, puedo decir que ha sido un increíble viaje. Un nuevo comienzo exitoso.

Cambié más de una vez de proyecto en el trabajo. Los hubo buenos, regulares y francamente malos. Algunos en los que tenía muy claro mi objetivo y otros en los que estaba en la ignorancia total. Aquellos que disfruté y otros que sufrí. Aquellos que le añadieron algo a mi experiencia y conocimiento y otros que solo sirvieron para mantener la paga. Cada uno fue un comienzo; aunque algunos tuvieron un cierre medio abrupto. Irónicamente, cada vez que eso último sucedió, yo ya estaba preparado y mentalizado, sabía que eso ya tenía fecha de caducidad y sólo me quedaba dar lo mejor de mí en el cierre y en un nuevo inicio. Varios nuevos comienzos.

Inicié aventuras y amistades. Conocí gente o re-encontré personas que, aunque hayan estado en mi vida sólo un momento o yo pretenda mantenerlas por el resto del viaje me ayudaron a conocer otro punto de vista y alguna enseñanza. Inicié aventuras, inicié aprendizajes, inicié también varios caminos que dejé a la mitad o que terminaron abruptamente. Muchos arranques fueron inesperados, algunos cierres fueron inaplazables. Hubo muchas situaciones que cambiaron en más de una ocasión. Como he dicho en varias ocasiones: No me arrepiento de lo que he hecho, pero tal vez no lo volvería a hacer si tuviera la oportunidad. Más nuevos comienzos.

Hoy estoy iniciando justo el segundo mes de una nueva relación. Un nuevo comienzo que aunque yo esperaba, igualmente no sabía que fuera ya tan inminente. Un nuevo comienzo más.

Muchas veces lo hice antes. De hecho, cada mañana es un nuevo comienzo. Pero… no puedes comenzar de cero siempre. Pocas veces en tu vida realmente tienes esa oportunidad e igualmente en ocasiones no es la mejor alternativa. Estoy abriendo nuevos comienzos, pero manteniendo mi base y mi persona. Inicio siempre ya con lo que he avanzado, con los tropiezos y los raspones, con los triunfos del pasado. Cada comienzo es una nueva carrera, un nuevo reto, pero estoy seguro de en dónde estoy, de dónde vengo y hacia dónde quiero ir.

Hoy estoy una vez más en un nuevo comienzo. La vida quiso que esta vez fuera en un lugar diferente y justo cuando varios de los nuevos comienzos que había tenido estaban ya asentándose o consolidándose. En este momento, cuando parece momento de evaluación de cierres, estoy completo. Las reglas cambian, el juego continúa pero la meta es clara.

Que vengan los nuevos comienzos!

DE MEMORIAS, NOSTALGIAS Y ESPERANZAS.

Recientemente escuché la historia de una persona a la que no conozco, pero que pasó por algo similar a lo que yo viví. Luego de un doloroso truene y un tiempo fuera, él se entera que su ex ha reiniciado su vida. Ella ya continuó y a él solo le queda el recuerdo y el “que hubiera pasado si”. No es mucho, pero según parece ha sido más que suficiente para iniciar la construcción de otro grandioso templo al amor fallido e imposible y un altar a un fantasma.

Por otro lado me llega la noticia de que alguien sigue recordándome con un dejo agridulce de nostalgia cuando las cosas empiezan a tornarse oscuras. Igual me entero del intento de reparar una relación fracasada, rota desde casi el inicio pero que su protagonista se niega a enterrar y a la que pretende darle RCP aún y cuando la peste nos llega hasta a los que estamos lejos.

Historias inconexas, personajes y situaciones distintos que solo se unen porque utilizan los mismos ingredientes para hacer una receta: mezcla un pasado atormentado pero que se suponía seguro, un futuro incierto y mucha melancolía con una pizca de curiosidad morbosa. Vierte suficientes lágrimas para integrar y luego seca la pasta a base de suspiros. Tu arcilla para construir ídolos está lista.

Una historia más. Alguien se enteró que está siendo el modelo para un altar de la mente, la cara de un fantasma y quimera. Yo, que fui un experto constructor de esos templos siento y comprendo la sensación agridulce de enterarse de algo así. Creo que todos hemos sido en al menos alguna ocasión constructores, pero rara vez nos enteramos o nos detenemos a pensar en que nos pudieron tomar como imagen y nos convirtieron en un ídolo, un fantasma, en una quimera o un ideal. Preferimos quedarnos con la idea de que somos siempre víctimas y jamás victimarios.

Según creo, el humano es de los pocos seres que pueden recordar y posiblemente sea el único capaz de revolcarse en un dolor auto inflingido y creado solo del recuerdo. ¿Será esto un regalo divino o exactamente el precio y castigo que tenemos que pagar por nuestra humanidad, por decir que amamos y no solo que sentimos?

Libros, terapias, ritos, pastillas… intentamos de todo para recordarnos que debemos olvidar lo que nos lastima. Parece que necesitáramos un vendaje que nos vuelva incapaces de seguir rascando una herida en vía de sanación.
Sería increíble el poder resetear nuestro cerebro y corazón para darle un nuevo principio a todo. Mantener el programa de saber amar, pero borrar los archivos obsoletos; sobre todo aquellos archivos que están ya dañados y que no se dejan borrar por las buenas. No hay un botón de “Delete” automático que sea efectivo. No existe el ungüento mágico que borra las heridas. Ni siquiera un mazo suficientemente grande que pueda destruir los altares, sus materiales y sus planos.

La solución es más compleja y requiere de otra extraña receta que al menos a mí me ha servido: Busca en tu interior una pizca de esperanza que deberás mezclar con la cantidad que tengas de amor propio y conciencia. No importa si la mezcla no llega a un puñado. Dale tiempo de que fermente y exponla a la luz que provee el futuro.
No hay un tiempo establecido, pero es claro que en algún momento empezarás a sentir que algo cambia. Si a esa mezcla la expones en su momento al fuego de un buen (y en ocasiones totalmente nuevo) amor, el efecto se potencializa y en algún momento, tal vez cuando menos lo esperas, ocurre una reacción. Aquello que estaba roto, corrupto o mal construido, estalla en una forma controlada y sin dolor y sólo quedan los cimientos más básicos de tu persona. Esos que son tu base y la base para empezar a construir algo nuevo y más hermoso y sólido que lo anterior.

No me considero todavía un experto en estas re-construcciones, pero estoy disfrutando cada día y cada momento, cada aprendizaje de este nuevo proceso. He iniciado la construcción de un gran futuro.