Todo comienza tranquilo. Un día normal, igual a todos los anteriores. Sin ninguna señal de la angustia que está por comenzar. Salgo con prisa de casa y por la misma premura olvido esa cosa que debería haber entrado en la bolsa del pantalón. La salida de casa y los primeros minutos transcurren sin incidentes. Todo camina como un día normal hasta detectar la falta.
OLVIDÉ MI CELULAR!!!!!!
Desde ese momento, el día no vuelve a ser igual. Me doy cuenta que estoy desconectado del mundo, que estoy en una dimensión alterna en la que no hay la posibilidad de comunicarme y/o de ser contactado en todo momento. La peor parte es que esta vez no fue una decisión sino un maldito olvido. No estoy mentalmente preparado para el síndrome de abstinencia. Miro con envidia a quienes usan su teléfono. Imagino que tendré 1,748 llamadas perdidas al llegar a casa y que seguramente me perdí de información crítica y de oportunidades de una sola vez en la vida. Sufro sólo de pensar en que tendré la necesidad de contactar a alguien y que no sé de memoria ningún teléfono. La tarde y el camino de regreso a casa con demasiado largos hasta volver a tener el aparatito en las manos y confirmar que no hubo ninguna llamada de vida o muerte y que no hay mensajes que no sean de Telcel ofreciéndome una promoción.
No hace mucho tiempo, la necesidad de estar disponibles todo el tiempo sólo se entendía para un médico. Vamos, hace apenas 20 años cualquier persona que tuviera un teléfono móvil era visto como un tipo escapado de “Los Supersónicos”. Si no estabas en tu casa u oficina, confiabas en que una contestadora u otra persona tomaría el mensaje de una llamada para ti y el mundo seguiría su curso y podrías contestar luego. Ahora, el celular es parte de la indumentaria básica de casi cualquier chilango con edad por encima de kinder que se respete y la necesidad de saberse disponible y conectado en todo momento es casi considerado como derecho fundamental.
¿Alguien no se siente solidario al escuchar las elegías que se le cantan a un celular descompuesto o siente total comprensión y conmiseración por aquél al que junto con el robo del celular también le robaron toda su lista de contactos y vida social? ¿Alguien recuerda la histeria que se genera cuando por alguna situación se caen las comunicaciones y áreas enteras de la ciudad quedan “fuera del área de servicio”?
El síndrome de abstinencia al Internet y el correo es un poco más manejable, pero igualmente cruel. En plenas vacaciones tienes que hacer un esfuerzo conciente (o ir a un lugar verdaderamente apartado e incivilizado) para poder pasar más de un día sin la necesidad de consultar el correo. Que yo sepa, nadie ha muerto por no haber leído la última cadenita de chistes u oraciones…. pero… y si hay algo importante?
Con la entrada a una red social el shot que necesitamos se vuelve todavía más fuerte y en ocasiones ridículo. TENGO que saber cuál será mi fortuna del día al abrir mi galleta de la suerte, me es URGENTE saber si Fulanito (a quien hace tres años no veo físicamente y quien vive en el otro hemisferio del planeta) sigue con el dolor de muelas que dijo lo tuvo insomne ayer. ¿Alguien ya habrá comentado algo sobre la última foto que subí? Un gran amigo perdido (hace 15 años) pudo haberme mandado un request y yo no se lo voy a contestar! Y creo que esta semana es cumpleaños de Sutanita… tal vez no llame en su cumpleaños a mi propia familia cercana, pero si a ella no le mando aunque sea un guiño igual y se va a sentir conmigo!
¿Qué voy a hacer en un día en el que no tengo celular y la red está caída?!?!?!
Tal vez escribir sobre lo ridículo que suena el tener este síndrome de abstinencia, pero sabiendo que no soy el único que lo sufre.
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