martes, 8 de diciembre de 2009

UN INFIERNO POCO (RE)CONOCIDO.

Cuando el hombre murió, llegó a un lugar de inmensa y total calma. “Bienvenido”, escuchó “Por la eternidad podrás descansar y estar sin hacer absolutamente nada”. El hombre estaba feliz ante semejante oferta y se relajó sintiéndose feliz de su destino. Pasó el tiempo y el hombre comenzó a sentir la pesadez de no hacer nada.
- Estoy aburrido, quiero sentirme útil, ayudar a alguien - dijo el hombre.
- Lo siento - dijo la voz -, aquí no se puede hacer nada.
- Pero me siento inútil, no quiero tanto tiempo libre! Así no me había imaginado el Cielo!
- Y quién te dijo que estás en el Cielo? ESTO es el infierno.


Leí ese cuento hace tiempo, no recuerdo dónde o quién era el autor. Es seguro que estaba mejor escrito, pero recuerdo bien la historia y el desenlace. Cuando lo leí me llamó la atención, pero es ahora cuando es dolorosamente real pues vivo en mi propia versión del infierno.

Hace poco puse en mi página personal que mi trabajo estaba demasiado tranquilo y que me aburría. Entendiblemente, mucha gente me contestó con comentarios como “Qué envidia” o “No presumas cuando yo estoy ahogado en chamba”. ¿Qué contestarles? ¿Que soy YO el que les tengo envidia al saber que están ocupados y llenos de actividades? ¿Que tengo unas ganas irracionales de ser explotado?

Hace meses me siento así. Un día de descanso puede sentirse como un premio. Una semana tranquila es agradecida luego de un periodo especialmente turbulento. Pero cuando ese periodo empieza a extenderse, la desidia y la frustración se vuelven tus únicas y poco recomendables compañeras de trabajo. Cuando Wikipedia se ha convertido ya no en un lugar de consulta sino en tu medio de entretenimiento y terminas leyendo acerca de las deidades pre-islámicas en la península arábiga, te das cuenta que has caído MUY bajo.

Las horas de oficina son largas, precedidas por una lucha desgastante por salir de la cama. ¿Para qué te levantas si va a ser sólo un día exactamente igual a ayer, anteayer y a la semana pasada? Juro que no es fácil contestar esa pregunta, pero como no tengo un dolor abdominal o influenza que justificara mi ausencia, tengo que levantarme, bañarme y poner mi mejor cara cuando llego a mi santuario de ociosidad.

Sé que decir esto en una sociedad como la nuestra, y más en esta época en la que hay tanta gente desempleada, es como escupir al cielo, pero…. No creo poder contar esto como una bendición cuando me siento desperdiciado e inútil. Cuando he expresado por todos los medios civilizados (y ya varios incivilizados) que me siento desaprovechado e inútil. ¿Cuál es la respuesta? ¡Que soy bueno en lo que hago!
¡Demonios! No sé si eso quiere decir que en realidad soy MUY bueno o que puedo empezar a pensar que la gente no confía en mis capacidades y creen que lo poco que hago es más allá de mi nivel.
En una sociedad tan competitiva y esquematizada como la nuestra, no es concebible que alguien de mi edad, capacidad y ambición no trabaje. Yo mismo lo admito, en más de una ocasión he dicho que estoy “ahogado en chamba” para no aceptar (hasta ahora) esta realidad.

Quiero volver a sentir pertenencia a un proyecto o un objetivo. Sentir la adrenalina de un proyecto complejo y retante, escuchar el despertador y levantarme sabiendo que tengo algo importante e interesante esperándome en la oficina. Quiero dejar esta desidia que me ha acompañado ya por tan largo rato. Siento que estoy desperdiciando mis habilidades y capacidades y por mi educación y temperamento, eso se considera como pecado grave. Pecado grave…

Sólo pido una cosa…. Dios Mío, sácame de este infierno!

No hay comentarios:

Publicar un comentario