Una vieja conocida quiere retomar contacto conmigo. No puedo decir que sea una amiga, pues su presencia no es exactamente grata, pero si somos honestos, hemos tenido una relación bastante más duradera que la que tengo con algunos a los que considero mis grandes amigos.
Como las veces anteriores, no tuvo la delicadeza de avisar de su visita. Es tan confianzuda que llega sin avisar o más bien, es discreta y sólo después de un rato, me doy cuenta de que ya está instalándose como ambulante del Centro. Por fortuna, al menos las últimas veces, he estado más atento y me doy cuenta de su presencia antes de que se entrometa completamente en mi vida. Correrla no es fácil; tanto tiempo de conocernos nos ha dado un trato en donde ya sabemos cómo actuará el otro, cuales son las formas y los tiempos. Invitarla a “que le llegue” es más complicado de lo que parece. Indicarle exactamente cuándo llegó de nuevo a mi vida para indicarle que ya es tiempo de irse nunca es sencillo; se instala pero de forma tan callada que cuesta trabajo notar su presencia en la primera etapa. Por desgracia, no puedo decir que una vez que la corro, logro deshacerme de ella de manera definitiva.
La Depresión es paciente y tenaz; ella y yo sabemos que en un momento u otro intentará de nuevo meterse en mi vida si yo lo permito.
Esta vez las alarmas afortunadamente sonaron en forma eficiente y me di cuenta de que venía otra vez con la intención de quedarse conmigo. Me propuse darle el cortón, me ausenté de casa a ver si se confundía de domicilio, no le tomé las llamadas que me hizo, intenté llenar mi agenda para con evidencias indicarle que no podía atenderla en este momento. Mi defensa estaba muy bien planeada y por un buen rato funcionó. Pero, como en toda muralla, hubo un flanco que no atendí. Hoy es lunes por la mañana y por más que pretendo decirle que estoy ocupado, ella sabe muy bien que no tengo nada que hacer en el trabajo y por lo tanto se ha dedicado a acosarme.
Hoy desperté y estaba a mi lado en la cama (esas confiancitas me caen muy mal de ella); cuando creí que la había ahogado en la regadera, me esperaba en el desayunador. Estaba sentada a mi lado en el camino a la oficina parloteando sin parar y está leyendo este escrito sobre mi hombro (le expliqué los términos de acoso y de respeto a la privacidad , pero no le interesó o importó).
Tengo que reconocerle algo. No tiene educación, es molesta y entrometida, pero al menos ya aprendió algo de las últimas veces que la corrí. Esta vez al menos se aparece en forma menos dramática y ya dejó de utilizar esas ropas negras tan desagradables; ahora viene vestida de un muy deslucido gris y me pone cara de paciente confidente y no de cruel juez.
Depre,(ya nos hablamos con cariño después de tantos años!)... NO te quiero ahora en mi vida! Fuera! Me parece de pésimo gusto que consideres que porque UN SOLO aspecto de mi vida no está funcionando, tienes el derecho de venir a estarme rondando! Ya hiciste tu visita de cortesía y la tomo como un amable mensaje de advertencia, pero ni creas que voy a dejarte instalar como la vez pasada para vivir una larga temporada conmigo. Esta vez ya sé cómo eres, de lo que eres capaz y cómo despedirte en forma rápida.
Hoy es cierre de mes, te presentaste ante mí en forma no tan hostil como antes y ya que estás aquí, creo que nos servirá tomarnos un café y hablar de cómo nos va. Pero te advierto que mañana es un nuevo arranque de mes y no tengo ni tiempo ni ganas de estarte atendiendo.
Tengo muchas otras cosas en qué concentrarme y por las cuales puedo estar feliz, agradecido, orgulloso y entusiasmado (todos esos sentimientos que te molestan y ofenden tanto). Sé que no será tu última visita, pero también ambos sabemos que cada vez serán más cortas y espaciadas.
Hoy te quedaste conmigo, pero mañana te vas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Es normal que lo sientas, que lo vivas pero más importante es saber que estás de pie y que es un tropiezo momentáneo que te permitirá salir mucho más fuerte y sabio.
ResponderEliminar