“Tengo que decirte algo sobre ti que parece que tu mismo ignoras, deberías ser escritor”. Cuando este comentario me lo puso una persona que recién conozco al leer dos o tres de mis correos en donde relataba cómo vivo y cómo pienso, me dejó con una enorme interrogante. ¿Debería intentarlo?
No es la primera vez que se me ocurre. En varias ocasiones he considerado que con las aventuras (o desventuras) en las que he estado involucrado como participante u oyente, podría hacer algo mucho más entretenido que la novela de las 9:00, pero esto es diferente. Normalmente escribo como hablo (barroco, complejo, lleno de ideas intercaladas y cientos de paréntesis) pero no sé si a alguien más, fuera de mi círculo cercano, le podría interesar lo que tengo que decir o escribir.
Nunca he tenido un diario y no creo que esto vaya a ser uno. Los múltiples intentos que he tenido de arrancar uno terminan invariablemente a la mañana siguiente en el cesto de basura. Supongo que este experimento será más bien un modo de hacer una reflexión (espero divertida) sobre lo que acontece y tal vez ahorrarme la terapia o al menos tener mi caso documentado. (Si alguien pretende decirme que eso es justamente la función de un diario, NO ME INTERESA!)
Jorge Bucay no se considera escritor, pero crea y recopila cuentos para buscar entender la mente de sus pacientes y entenderse a sí mismo. Germán Dehesa escribe su Columna del Ángel tanto para la enorme diversión de sus fieles lectores, como supongo para su propio entretenimiento. En varias ocasiones he pensado cuántas oportunidades se han perdido de conocer a alguien ahora al ya no existir la correspondencia. Lanclos en sus “Relaciones Peligrosas” y Matt Beaumont en su divertidísima “E” me ilustraron en cuánto se puede conocer o reconocer de una persona en sus cartas. No pretendo compararme con ellos en ningún modo, pero veo que no estoy tan solo en esta búsqueda de un momento o un espacio para pensar y para dejar constancia en blanco y negro sobre esta acción.
Luego de un tiempo de meditarlo, me di cuenta que quiero empezar este ejercicio escribiendo primero y originalmente para mí. No será con la intención de incrementar un inflado ego o de realizar una masturbación literaria, sino sólo para contarme lo que pasa por mi vida y mi cabeza. Si en tantas ocasiones he aprovechado un mail a una gran amiga para realmente contarle (contarme) como voy, creo que puedo hacerlo ahora sin un pretexto o receptor establecido.
Es por eso que quiero titular este ejercicio Cartas de Relación (Hernán Cortés no me puede acusar de plagio). No están dirigidas a nadie en particular, no tienen un tema o un estilo definido y no buscan una contestación inmediata.
Aunque, sería maravilloso que estos escritos sin destinatario fijo, llegaran a un receptor que igualmente, de forma anónima o con firma y cara me dijera dónde estamos y hacia dónde vamos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Dios... creo que algo nos viene por la sangre, primo. El mosco de la escritura es algo que he intentado ahuyentar, pero regresa por las noches templadas como éstas con su molesto zumbido... mucha suerte en tu proyecto. Ya tienes una "fanse".
ResponderEliminar